Opinión: Los fantasmas del WSJ

Los fantasmas del WSJ

Hay un gravísimo error en las apreciaciones de quienes ven en la elección presidencial de Otto Pérez Molina una opción para remilitarizar el gobierno. Eso expresan algunos, aplicando una lógica que olvida intencionalmente la evolución de la sociedad guatemalteca, que además de tratarse de un oficial en condición de retiro desde hace una década, el aparato político y estatal del país está mucho más permeado por los civiles, que por los militares. Es comprensible que los mismos de siempre estén atacando la presencia de cualquier uniformado en este o en otros gobiernos.

Se aprovechan de ello con extrema comodidad porque el presidente electo fue general del ejército y anticipadamente, advierten sobre una satanizada militarización del gobierno. Eso sí, los mismos corifeos hacen mutis cuando se reclama la entrega del gobierno durante el actual período a integrantes de la guerrilla. Nadie osó en señalar una “guerrillarización” del Estado ni puso el grito al cielo cuando hasta combatientes de la insurgencia, sin aclarar sus vínculos con acciones de violencia y destrucción, llegaron al Congreso, a la Presidencia —en cargos de poder, pero en la sombra— o tuvieron acceso ilimitado a los recursos del mismo Estado al que ellos trataron de subyugar con ayuda internacional. Nadie dijo nada. Ni siquiera la Prensa internacional se preguntó qué hacían representantes del terrorismo al frente de las instituciones del Estado legítimamente constituido.

Sin embargo, hoy aparece prensa, que como el “conservador” Wall Street Journal, que en artículo de portada de Nicholas Casey el 4 de noviembre último, se convierte en obediente loro que repite los argumentos contra Pérez Molina usados por sus antagonistas en la campaña. WSJ se nos presenta como irresponsable, poco profesional, amarillista y basado en rumores. Qué vergüenza y qué pena por el gran WSJ. Es increíble, pero cierto lo que aquí afirmo.

Quedamos una vez más frente a la conveniente doble moralidad de quienes ven en los militares una buena excusa para quejarse ante el mundo y pedir limosnas para “impedir” su retorno al poder. Son los mismos que lloraron antes del gobierno del presidente Colom porque no tenían acceso al poder y rieron a carcajadas, ebrios de impunidad, cuando tuvieron ante sí este país que ahora está más desnutrido que cuando ellos comenzaron su tarea. Son los mismos que cambiaron de careta cuando pasaron de ser destructores del país y los medios de producción, a los todopoderosos señores refundadores del Estado.

Ahora se atreven a reclamar logros que solo ellos ven —¿o quizá todos los demás estamos ciegos?— y exigen que el poder siga llegando a sus manos, aún siendo una oposición que hoy más que nunca teme ser auditada a profundidad tras su paso por el gobierno.

¿De qué hablan estas personas que auguran la remilitarización del país? Ser militar o exmilitar no es condición descalificadora para servir al país. Lo que realmente cuenta —y eso parecería ser ajeno a los que ya están anticipando una catástrofe política tras la elección de Pérez Molina— es que se actúe en ley, con lineamientos pensados, para beneficiar al país y no a sectores específicos.

Tan grande es al deterioro en que los “exguerrilleros” dejan el país, que será necesario incluir todos los elementos capacitados exmilitares o no, para hacer el trabajo que estos caballeros no supieron o no quisieron hacer.

JULIO LIGORRíA CARBALLIDO

http://www.prensalibre.com/opinion/fantasmas-WSJ_0_592140857.html

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