Indígenas sin avances tras 18 años de paz en Guatemala

La amplia brecha que separa a la mayoritaria población indígena de Guatemala de las oportunidades de desarrollo humano sigue sin cambios a 18 años de la Firma de la Paz, señalaron hoy expertos al cumplirse este lunes un nuevo aniversario del fin del conflicto armado de 36 años (1960-96).

“Hace seis años dije: ‘Los indígenas llegaron al escenario del debate político para quedarse. Ese es el gran logro que tenemos que reconocer de los Acuerdos de Paz (…), pero los indicadores (sociales) no cambian”, dijo Álvaro Pop, miembro del Foro Permanente de Cuestiones Indígenas de la ONU.

Tales indicadores, oficiales, reconocen que la población indígena, en el campo, sufre pobreza y pobreza extrema hasta en un 95 por ciento en muchos de los 338 municipios de Guatemala, y que otros flagelos de alto impacto en el país, como la desnutrición crónica y deserción escolar, alcanzan sus niveles más altos en las comunidades indígenas.

Rubén Hidalgo, director del Instituto Centroamericano de Estudios Políticos (Incep), recordó que durante el proceso de negociación de los Acuerdos se dio especial énfasis a la participación de los pueblos indígenas, pero reconoció que “hasta la fecha siguen estando en los mismos espacios de marginación. No les ha significado a ellos ningún beneficio”.

Pop dijo, sin embargo, que pese a los rezagos, la desatención y la marginalidad que caracteriza a los pueblos indígenas del país, estos sí tienen algo que celebrar durante la conmemoración de la Firma de la Paz.

“Hay que celebrar la ilusión que tuvimos en su momento por un nuevo país y la institucionalidad nacida de los Acuerdos, que nos llama a tener cierta esperanza”, expresó en referencia a instituciones como la Defensoría de la Mujer Indígena y la Comisión Nacional contra la Discriminación y el Racismo.

En los años 80, en el marco del conflicto armado interno, la población indígena sufrió las peores atrocidades a manos de los militares, de acuerdo con el informe Memoria del Silencio (1999) de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH), auspiciada por la ONU.

“En la década de los ochenta, el Ejército llegó a identificar al indígena con el enemigo interno. El Ejército consideraba que la guerrilla había logrado captar los problemas históricos de las grandes poblaciones indígenas del Altiplano, la escasez de tierra y la pobreza, apropiándose de sus reivindicaciones”, consigna el documento.

“El Ejército consideraba que “las grandes masas indígenas” del Altiplano constituían la base social del movimiento guerrillero”, agrega el informe.

En este sentido, el informe analiza la situación sufrida por la población maya ixil, en el norte del departamento de Quiché, a unos 250 kilómetros al norte de la capital, donde el Ejército arrasó con las comunidades.

Por estos hechos, el 5 de enero, volverá al banquillo el exdictador Efraín Ríos Montt bajo la acusación de genocidio.

Respecto a este tema, el informe de la CEH menciona: “La Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos, en un documento del año 1982 que aprecia las perspectivas y acciones del Ejército sobre el combate en Quiché, lo expresa de la manera siguiente:

“La creencia, bien documentada, del Ejército de que la población indígena ixil en su totalidad está a favor del EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres) ha creado una situación en la que se puede esperar que el Ejército no dejará sobrevivientes de igual forma entre combatientes y no combatientes”.

Por Patricia Castillo
Guatemala / Agencia dpa

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