Viaje a donde nadie quiere ir, la región ‘de la guerrilla’

POR ELSA CABRIA / 17 MAYO, 2016

Ixquisis, una pequeñísima región, casi frontera con México, fue noticia tras la aparición de tres videos en los que una supuesta guerrilla decía que haría todo para detener un proyecto hidroeléctrico. Nómada fue hasta el lugar junto a una caravana de activistas para conocer un lugar donde lo único seguro son 4 cosas: es una zona abandonada desde siempre por el Estado, nadie ahí conoce a la guerrilla, a casi todo el mundo le da miedo ir y el megaproyecto continúa.

Hay muchos fines del mundo. Son conceptos, casi etéreos, que evocan en el mapa lejanía física extrema respecto de un punto urbano. Y la historia, la guerra, la desidia política, el narcotráfico, el contrabando y la presión de los megaproyectos han hecho de Ixquisis, en el norte más norte de Huehuetenango, un fin del mundo.
Es una pequeña región, formada por once aldeas. Está tan apartada que su cabecera municipal, San Mateo Ixtatán, está a ocho horas en carro de Ciudad de Guatemala. E Ixquisis está a siete horas de su cabecera municipal a través de un camino de terracería complicado y de puro bosque mágico. Puro mundo olvidado.

1. La empresa, sus amigos y sus socios
Hasta el fin del mundo de Ixquisis no sólo han llegado comunidades mayas, pocas oenegés y una supuesta guerrilla de reciente aparición que dice defender los derechos de los comunitarios a través de videos. También un proyecto hidroeléctrico muy bien conectado.
La empresa Promoción y Desarrollos Hídricos SA (PDHSA) fue creada en 2007, bajo la representación legal de Carlos Eduardo Rodas Marzano. Construye dos iniciativas de energía renovable que prevén generar 30 MW (el 7% de la producción nacional de energía) a partir de 2017. Aseguran haber invertido más de US$100 millones y ahora –tras los problemas y la supuesta guerrilla– dudan de su rentabilidad.

El proyecto arrancó en 2010, durante el gobierno de Álvaro Colom, y continuó entre 2012 y 2015 con el gobierno del encarcelado Otto Pérez, por sendas acusaciones de corrupción. Otto Pérez visitó la zona en 2014, tras 70 años sin que ningún presidente llegara y tras declarar la zona en Estado de Excepción para militarizar el área y obtener órdenes de captura contra líderes locales en resistencia contra mega proyectos.
También fue Pérez Molina quien autorizó la instalación de un destacamento militar en la aldea Ixquisis en 2014, semanas después de que desconocidos quemaran maquinaria de PDHSA en el pueblo. La investigación nunca arrojó nombres de responsables y el destacamento sigue ahí en Ixquisis, una de las regiones vecinas de una de las peores masacres del ejército, en la Finca San Francisco, en la que fueron asesinadas más de 350 personas en 1982.
Treinta y cuatro años después, salvando las distancias, la tensión ha vuelto a la zona.
“Todo estaba muy bien… [pero] se vino a complicar por el problema de Barillas”, dice el promotor de la hidroeléctrica, Eduardo Rodas Marzano, en una entrevista en un restaurante de la zona 10. Se refiere a la quema de maquinaria de otra hidroeléctrica en 2012 en Barillas, Huehuetenango. “Y ahí [en Barillas] como que se escaló la espiral de violencia. Dijeron: ya paramos Barillas, ahora paremos [Ixquisis]”, dice en referencia a los vecinos que rechazaban el proyecto, como Rigoberto Juárez, y su supuesta influencia en Ixquisis.
El promotor Rodas se presenta afable, pero determinado en decir lo que quiere decir. Y punto. Mientras está sentándose, dice que se tiene que marchar. Lo repite hasta en siete ocasiones durante la plática. Dice que es porque han baleado a un comunitario en el campamento de Ixquisis. Dice que no le gusta mentir. Lo dice una vez. “Tal vez hemos dado lo que hemos dado por toda la conflictividad”. Según sus cifras, la empresa ha dado alrededor de US$5 millones a 23 comunidades de tres microrregiones, entre ellas, Ixquisis.

El promotor Rodas Marzano, que se autodefine como empresario y promotor de PDHSA, es medio hermano de Rodrigo Rosenberg Marzano, el abogado que en 2010 se mandó a asesinar a sí mismo e hizo un video acusando del crimen al entonces presidente Colom para terminar con su gobierno, según demostró con evidencias científicas la CICIG. Rodrigo Rosenberg Marzano fue asesorado para su plan por dos personas. Una fue Mario David García, un locutor radial, abogado de extrema derecha y excandidato presidencial del PP en 2015. Y la otra, el experto en inteligencia Luis Mendizábal, quien fue el que circuló el video en el entierro de Rodrigo Rosenberg, y ahora está prófugo por participar de la estructura de corrupción e impunidad del gobierno de Otto Pérez Molina.
Pues el promotor Eduardo Rodas Marzano fue quien presentó a Luis Mendizábal a su hermano Rodrigo Rosenberg, cuando Rodrigo tenía 17 años. Eduardo Rodas y Luis Mendizábal han sido amigos entrañables, según contó el mismo Mendizábal en la última entrevista que dio a elPeriódico, hace años.

El promotor Eduardo Rodas está bien conectado. En las más de quince empresas en las que participa como socio fundador o mandatario, aparecen nombres como el de Jorge Briz Abularach, expresidente del Cacif; Anabella Mendizábal Berrutia, hermana de Luis Mendizábal, y Carlos Enrique Mata Castillo, Óscar Mata Castillo y José Guillermo Mata Monteros, de la poderosa familia Castillo, una de las principales accionistas de CBC, la Central American Bottling Corporation, que es la que produce Pepsi y cuyos socios son dueños de la cerveza Brahva.
El promotor Rodas no quiere decir quiénes son los inversores en PDHSA. Sólo que “son guatemaltecos, locales, gente de bien”, y que él es el principal promotor. Así respondió durante la entrevista, en la primera ocasión en la que conoció a dos periodistas de Nómada.
– ¿Pero inversores locales?
– Mi niña linda, usted sabe… Yo le puedo decir que es gente de bien, pero usted sabe que a la mujer ni todo el amor ni todo el dinero.
Diez minutos después, se le insiste con el tema. Se le insiste con sus socios Mata Castillo.
– Con lo que comentaba de que los inversores son gente de bien, guatemalteca. ¿Son inversionistas de este proyecto socios de CBC o alguna de sus filiales? ¿Sí o no?
– ¿A qué viene tu pregunta?
– Yo hago preguntas y usted responde.
– No te la puedo contestar.
– ¿No me la puede contestar?
– Te voy a decir por qué: Porque hay un trasfondo muy grande que algún día te contaré.
2. La ‘amenaza de la guerrilla’ y tres hipótesis
Cuando un lugar remoto se pone tenso, la sensación de violencia latente es tan natural como respirar. Si algo pasa, la huida no es una opción, ni para los que van de visita ni, sobre todo, para los que viven allí.
El viernes 8 abril de 2016, cuando Nómada y las oenegés visitaron Ixquisis y las otras aldeas del fin del mundo, se vivían semanas de tensión: aparecieron en internet dos videos con una presunta guerrilla autodenominada Fuerzas Armadas Campesinas (FAC), que está en contra de la empresa que construye el proyecto.
Antes de los videos, que se movieron en redes sociales desde el 28 de marzo, un panfleto se distribuyó en Huehuetenango el 11 de marzo. En los videos, los que hablan son dos hombres, el ‘subcomandante Toledo’ y el ‘subcomandante Ramírez’. Aunque los dos subcomandantes aparentemente tienen la misma voz, porque sale una voz grabada.

Entre todas las fuentes consultadas, hay tres hipótesis:
1. Es un grupo real que lucha contra la construcción de la hidroeléctrica.
2. Es algo en contra de la empresa para impedir su financiamiento.
3. Es una estrategia de la empresa y de militares del gobierno de Jimmy Morales para justificar la entrada del ejército para controlar esta área estratégica para futuros megaproyectos.
Ninguna de las tres hipótesis ha podido ser demostrada.
La primera es la siguiente. En ésta, discordante entre los cercanos a las comunidades en resistencia, “la gente está harta, tiene rabia, es un grupo armado que amenaza con defenderse. Pero no es guerrilla”, afirma un experto que dice tener fuentes en esas comunidades y pide el anonimato.
La segunda es la de la empresa y de un columnista de extrema derecha. Para el promotor Rodas, los videos son un montaje en su contra: “Crean una expectativa, incluso dicen que la empresa lo hizo para militarizar el área, pero el objetivo es crear inestabilidad para que los bancos nos dejen de dar financiamiento”, dice sobre el dinero que ha dado el gubernamental Banco Centroamericano de Integración Económica al proyecto. “Es una manipulación de afuera porque la gente (sí) nos acepta. Claro que hay cien gentes que están radicalmente opuestos al proyecto, pero tenemos por lo menos 14,000 personas que se van a ver beneficiadas”, añade confiado.
En los días que circularon los videos, el columnista radical de derecha Ricardo Méndez Ruiz fue la voz pública que alentó la idea de que los videos corresponden a grupos relacionados con la guerrilla y que hay vínculos con la guerrilla zapatista mexicana. De hecho, en una entrevista radial, dijo que él recibió los videos el 16 de marzo, aunque fueron viralizados doce días después. En la entrevista, opinó: “Ellos [las organizaciones indígenas de alcance nacional] son los que impiden sistemáticamente el desarrollo de la industria en el interior del país. Aquí nos lleva esto a preguntarnos, inevitablemente, si puede haber alguna relación entre estos grupos tradicionales a los que hago referencia y estos grupos nuevos que vemos ahora en los videos”.

Y la tercera de las hipótesis son las sospechas en círculos activistas. “Esta es una maniobra que intenta lanzar la idea de que en el norte de Huehuetenango hay grupos armados contra las empresas. Es una maniobra para militarizar porque hay necesidad de una respuesta estatal ante la existencia de un grupo que va a atacar a la empresa”, dice Fernando Solís, analista de la asociación de análisis político El Observador.
Días después de los dos primeros videos sobre la supuesta guerrilla, el exjefe de inteligencia civil y excanciller Edgar Gutiérrez, en su columna de El Periódico, decía que, más que recordarle a la guerra, la ‘guerrilla virtual’ lo llevaba al 10 de mayo de 2009: día del auto-asesinato y el video de Rosenberg, circulado por Luis Mendizábal, el amigo de Eduardo Rodas. La relación entre los dos videos podría ser una carambola. O no.
3. En Ixquisis nadie conoce a ‘la guerrilla’
El Gobierno ha analizado los videos y ya desplazó equipos de inteligencia a la zona, según confirma el ministro de Gobernación, Francisco Rivas. “Reforzamos nuestra presencia en Ixquisis y en San Mateo Ixtatán”, dice en referencia al número de efectivos. El ministro Rivas es cercano al Ministerio Público y lejando al grupo de militares que rodea al presidente Jimmy Morales. El ministro Rivas, que se ha mostrado cómodo con las otras preguntas, hace ademán de marcharse cuando se le insiste sobre el tema de Ixquisis y las hipótesis: “El análisis preliminar es que la comunidad no respalda a las FAC, ya hablamos con el alcalde y con el gobernador”. Preguntado sobre los señalamientos que vinculan al gobierno con los videos, Rivas tuerce el gesto: “Desconozco esos señalamientos, le podría asegurar con toda certeza que no hay ninguna vinculación de ese tipo”.
En Ixquisis, a 15 horas de distancia de Ciudad de Guatemala, Nómada pudo constatar lo primero que dijo el ministro Rivas: Nadie de la comunidad respalda a una supuesta guerrilla de las FAC. Alguno ha escuchado, por la televisión, hablar de la guerrilla. Nadie la conoce.
Cuando Nómada y los seis carros de activistas llegan el viernes 8 de abril a Pojom, la antepenúltima aldea antes de Ixquisis, todos los vecinos están de pie, en silencio frente a sus casas, mirando fijamente a los visitantes. Hay mucha desconfianza. Pasado Nuevo San Mateo, el penúltimo pueblo, solo queda la última de las incontables cuestas. Desde lo alto alto se ve el destino.

En la entrada de Ixquisis, ya sabidos de la caravana, el ánimo es distinto. Decenas de comunitarios saludan y sonríen. Los que están esperando, quieren contar su historia e invitan a una reunión en un campo abierto que resulta ser el campo de fútbol. Un centenar de vecinos se arremolinan alrededor de un pequeño montículo definido por dos imponentes árboles.

El montículo es la tarima y los vecinos, el público crítico que se mezcla con los visitantes. Cuando callan, sólo se escuchan los grillos. Los grillos del fin del mundo.
Ha llegado gente de todas las aldeas que es contraria a la hidroeléctrica, pero el ambiente se siente pesado, como si fuera a llegar alguien que no está invitado, alguien de los que sí apoya el proyecto. Los líderes comunitarios desarrollan una agenda que tienen preestablecida. A la empresa PDHSA y al actual alcalde de San Mateo algunos con el micrófono los llaman “invasores”. Un hombre joven advierte: “No es por gusto que estamos acá, los pueblos indígenas siempre hemos sido marginados por la ideología capitalista”.
Los que hablan al micrófono, se denominan ‘compañeros’. Un hombre alto, treintañero, con gorro, da la bienvenida y agradece la llegada: “Sabemos que estamos muy retirados, que este lugar está muy lejos, pero estamos invadidos por empresas trasnacionales”. Las mantas se multiplican. El mensaje se repite: “La tierra no se vende, se defiende”.
Para algunos, lo lejano siempre es otro lugar. “Saludos a los visitantes que llegan de tierras lejanas, compañeros”, antes de lanzar un largo rezo en chuj, que después traduce al español. Mientras reza a través de la bocina, los comunitarios hacen sus propias oraciones en voz alta. Es como una reunión de evangélicos que exponen sus ruegos en voz muy alta. Pero aquí muchos son católicos. “Ya sé que la mayor parte de la gente sigue luchando y que otros se han vendido”, dice orando un hombre entre el público, mientras otro reza el Padre Nuestro.

En el campo de fut, ninguno de los comunitarios consultados dice saber nada de las FAC. En el montículo, una sola persona habla en el micrófono de los videos sobre la supuesta guerrilla. Lo cierto es que el acento de los subcomandantes es muy distinto del de la gente de Ixquisis. Cuando suelta el micrófono, el hombre de camiseta verde y negra, que pasa de los cincuenta, es tajante en su análisis de los videos: “El subcomandante es una estrategia de la empresa y el gobierno para militarizar”, afirma este hombre que en los ochenta, dice, fue acusado de pertenecer a la guerrilla. Él sí dice su nombre. Dice que no tiene miedo: “Si muero, moriré con las manos limpias”.
4. Miedo a actos violentos
La aldea se enclava en un amplio valle que en otra situación sería destino turístico natural. Pero en ésta, es un aisladísimo paraíso marcado por la inseguridad y la pobreza.
Se ve un grupo de lejos y el ambiente, caliente en el valle, lo caldea más la tensión. “Ahí vienen, ahí vienen”. La gente murmura y mira hacia la izquierda de la carretera que cruza el pueblo, en dirección a la obra de PDHSA. La posibilidad de que sean comunitarios que apoyan a la empresa es demasiado real. La posibilidad de que haya violencia, existe.
El lugar común de que los segundos se hacen eternos cobra sentido hasta que un vecino con sombrero grita: “Son de Bellalinda, son de Bellalinda”. En el lenguaje implícito de la situación, eso significa que todo está bien, que son comunitarios de otra aldea que llegan a apoyar. Aunque algunas personas han escuchado que esta noche volverá a haber ataques.
Una manta habla: “Jamás aceptaremos invasores en nuestras tierras”.

El ‘compañero’ que presenta la actividad cuestiona al alcalde municipal, a la empresa, al gobierno actual y a los anteriores: “No creo que haya una ley que apruebe cambiar el cauce de un río”. Tiene razón, no la hay. Pero tampoco hay una ley que los proteja ni políticos comprometidos para ello, tal como lo demuestra el veto de FCN-Nación a la discusión de una propuesta para penalizar el desvío de ríos. Y en 2016, los jueces en Guatemala apenas empiezan a cuestionar con fallos a las grandes empresas que desvían ríos para sus industrias.
Los vecinos reclaman que la empresa, tiempo atrás, prometió darles electricidad –porque no, en Ixquisis no hay energía eléctrica– pero PDHSA construye la hidroeléctrica y no es distribuidora de energía. La empresa prometió en un comunicado que de igual manera PDHSA construyó la hidroeléctrica y su conexión a la red eléctrica para que pueda distribuirse electricidad a las comunidades de Ixquisis.
PDHSA informa que 23 comunidades de Yalanhuitz, Nuevo Triunfo e Ixquisis han sido beneficiadas por medio del proyecto con programas de salud, educación y construcción de infraestructura. Sobre esto, dos líderes comunitarios de la zona refutan: “Llegaron a dar regalos el Día de la Madre y el de la Independencia, hicieron carrozas para los niños, hubo rifas de estufas mejoradas, pero eso no pasa por programas”.

5. Ixquisis y los militares (antes y ahora)
“Tenemos que buscar leyes [para defendernos]. No son los años ochenta, necesitamos justicia, en cada aldea [los militares] infiltraron gente”, grita un comunitario el viernes 8 de abril de 2016 en referencia a dos hombres, que fueron patrulleros de autodefensa civil (PAC) durante el conflicto armado, y que supuestamente asesoran a la empresa en el área.
Si la asesoran o no, PDHSA no lo confirma ni desmiente.
Durante los años más duros de la guerra (1978-1983), las comunidades del norte de Huehue fueron objeto de represión estatal. En el libro Negreaban los zopilotes, del antropólogo y sacerdote jesuita Ricardo Falla, Ixquisis aparece mencionado cuando se produce la masacre más grande del conflicto armado, en la finca San Francisco. El libro recoge cómo los vecinos de Ixquisis narraban el miedo que sentían al no ver pasar, como era habitual, a la gente de San Francisco por el mercado dominical de Ixquisis.
En Ixquisis, en aquellos años, había una pista de aterrizaje militar. Era una zona dominada por el ejército, tal como narra Falla:
“El efecto de la masacre [de San Francisco] fue vaciar de población una zona fronteriza muy amplia y concentrar a la población restante en algunas aldeas controladas, como Ixquisis. Se puede inducir cuál fue la lógica de la masacre dentro de la política de tierra arrasada. No fue sólo destruir totalmente una población que abastecía a la guerrilla con ganado o que se negaba a dar el secreto del campamento guerrillero, sino estallar un detonante que movilizara a una masa de gente muy numerosa y dispersa por una amplia zona y controlar la restante que se quedaba. Es decir, quitarle la base social a la guerrilla y controlar a la población que no escapaba”.
En 2016, por seguridad, nadie da sus nombres completos. Hace solo quince días, al nuevo párroco de Pojom le balearon el carro en el que iba, según confirman tres fuentes en Ixquisis y en Ciudad de Guatemala. La mayoría, aunque no todos, prefiere que no se fotografíe su rostro. A los que no les importa ser retratados tienen otro protector: el grupo de oenegés de Huehetenango y de la capital que han organizado la caravana y que piden no dar datos de las personas por la situación de vulnerabilidad en la que quedarían.
Sandra Morán, diputada de Convergencia, cita en la última semana de abril al ministro de Energía y al jefe del Estado Mayor de la Defensa para que le expliquen la situación de la hidroeléctrica y de las carreteras en Ixquisis.
Ella ve la historia de Guatemala a través de este pasaje: “Ríos Montt tomó el control y arrasó (en 1982), pero le faltó el tema de los polos de desarrollo. Ahora se está concluyendo el trabajo. Como país, no hemos salido de la remilitarización”, opina esta diputada con contactos en el norte de Huehue. “El ejército dice que los videos no son una amenaza y los comunitarios me dicen que son hechos por la empresa”, afirma.

El ejército está presente en el área ya, desde el destacamento militar de 2014, y ahora con la orden del presidente Jimmy Morales de remozar caminos rurales. Para esto, según el ejército, las comunidades apoyan con combustible, repuestos y algo de maquinaria. Y algo más: “Las comunidades nos han prestado seguridad, ellos son los interesados en que carreteras estén bien”, dice Karen Pérez, vocera del Ministerio de Defensa.
Sí, la vocera militar afirma que las comunidades le prestan seguridad al ejército.
Adiós al fin del mundo
El viernes 8 de abril, los comunitarios invitan a la caravana a ver la hidroeléctrica.
Desde el lunes de esa semana, PDHSA detuvo su actividad en el área. Normalmente, los comunitarios sólo miran de lejos el terreno. Pero esta vez, los vecinos corren y se adentran a ver los grandes tubos enterrados que se han instalado para conectar el Río Grande, o río Pojom, con el río Negro. El Río Grande es tan transparente que da pena tocarlo de limpio que está.

Está a cien metros de la Franja Transversal del Norte, una red vial que lleva décadas en construcción y que abarca una línea imaginaria en toda la frontera norte de Guatemala. Todo esto genera tensión con los comunitarios, que creen en la cosmovisión y en la armonía con la naturaleza.
La mayoría de vecinos caminan sobre la Franja, que está algo elevada y aún es de terracería, y se adentran en un embalse en construcción que parece una enorme duna en un desierto rodeado de montañas. Doña Sara quiere hablar. Doña Sara no es su nombre. Tiene que ser traducida porque habla q’anjob’al y señala su parcela, donde cultiva milpa, cardamomo y maní. Cultiva a sus 68 años un terreno bajo el cerro Camelia, junto al embalse. Su traductor traduce a una mujer que en español solo dice dos palabras en su explicación: peligro y seguridad. El que traduce dice que hace semanas que la toman fotos. Se siente intimidada. La anciana Sara, con su pañuelo en la cabeza, tiene miedo.

Ya ha pasado el mediodía y unos comunitarios se detienen al inicio de la Franja y nos señalan una montaña que queda arriba del río Grande. Nos señalan gente. Con el zoom de la cámara de video se atina a ver un grupo de más de 50 personas en la cima, entre árboles. “Esos van con la empresa”, dice uno de los comunitarios.
Están quietos, observando, como harán hasta que la caravana se vaya mientras sale por el camino que lleva hacia Nentón. Algunos activistas se quedan un par de días para no dejar solos a los comunitarios que rechazan las hidroeléctricas. Tras cuatro horas de visita, el resto de la caravana sale de Ixquisis, pasando entre dos imágenes. Por la izquierda, el grupo de 50 personas que observa desde la montaña; y por la derecha, el destacamento, en el que los militares graban con sus teléfonos celulares. Estas son las últimas caras que ve la caravana. Las últimas caras que ve la caravana no se despiden.

https://nomada.gt/viaje-a-donde-nadie-quiere-ir-region-de-la-guerrilla/

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