Opinión: Extranjeros indeseables

POR MARIELOS MONZóN

Desde hace algún tiempo venimos escuchando que hay extranjeros  indeseables que deberían ser expulsados del país, de inmediato, porque  sus acciones son nefastas y ponen en peligro nuestra soberanía, ya que  meten las narices donde no los llaman. Estos extranjeros  indeseables acompañan a los movimientos sindicales, campesinos,  indígenas y de mujeres; se pronuncian por el respeto a los derechos  humanos, la justicia y la verdad; son veedores de los procesos de consultas de buena fe o forman parte de  misiones diplomáticas y organismos internacionales que trabajan estos  temas.

Otros, también indeseables, acompañan a las víctimas sobrevivientes de la guerra y de la violencia, forman parte de organizaciones sociales, o son columnistas de prensa y en sus escritos se refieren a la pobreza, la exclusión, el racismo, la concentración de la riqueza y la impunidad.

A decir de sus detractores, son una especie peligrosa que nos acecha y de la que debemos cuidarnos porque no solo nos traen confrontación y subdesarrollo, sino además son  hippies y huelen mal; su injerencia es pues, inaceptable.

Pero hay otros, extranjeros también, a quienes hay que abrirles las puertas de par en par para que formen parte de todos los espacios de la vida nacional, para que opinen a su sabor y antojo sobre todos los temas y nos ilustren con sus conocimientos y su brillantez. Estos extranjeros no solamente son bienvenidos, sino que constituyen un selecto grupo —digno de ser seguido y aclamado— porque contribuye a nuestro desarrollo. A ellos —y ellas— sí que deberíamos otorgarles la residencia y la ciudadanía, porque nos hacen el favor de venir a invertir sus recursos en proyectos que nos sacarán de la pobreza. Además, sus ideas y su ideología deben ser propagadas por todos los medios y por eso deben no solamente tener columnas de opinión, sino programas de radio y también de televisión.

Estos extranjeros son propietarios o trabajan en las multinacionales, en las universidades privadas que educan a las élites, desarrollan proyectos extractivos y de monocultivos, hacen negocios fructíferos con el Gobierno como el de Puerto Quetzal, son fundadores o participan en los think tanks de la derecha y aportan sus buenos oficios a fundaciones antiterroristas o del sector privado; además, son bien vestidos y huelen bien. Por lo tanto, su injerencia es aceptable.

A propósito del juicio por genocidio que se desarrolla en el país, han estado muy activos participando en manifestaciones a favor de los militares, yendo al juicio para apoyar a los acusados, escribiendo sendas columnas, haciendo entrevistas por la televisión a los abogados defensores y vociferando para pedir a otros extranjeros —como ellos— que se larguen del país, porque eso de estar del lado de los derechos a la verdad  y a la justicia no les compete. Con un acento que ni por asomo se parece al chapín, exigen que se termine con la intromisión extranjera. La de ahora, digamos, porque la de 1954 y la de ellos les parece indispensable y hasta maravillosa.

El problema radica en el doble rasero que se aplica para medir este y otros asuntos, que no es otra cosa que la doble moral chapina a la que se suman estos personajes de importación.

 

http://www.prensalibre.com/opinion/Extranjeros-indeseables_0_910708945.html

¿Cuál insulto?

OPINION – POR MARIELOS MONZÓN

“Tenía 12 años, me llevaron al destacamento con otras mujeres, allí  me amarraron los pies y las manos, me pusieron un trapo en la boca y me  empezaron a violar, yo ya ni sabía cuántos pasaron… perdí la conciencia y  ya la sangre solo corría… luego ya no podía ni levantarme ni orinar…” “Tenía  un hijo de 30 días. Cuando regresé a mi casa todo estaba quemado.  Quemaron a mi hijo. Era un bebé. Vengo aquí a declarar por la tristeza  que me provocaron y vengo por justicia”.

 Los testimonios anteriores son apenas una muestra del terror sembrado en el área ixil durante la guerra. Las mujeres que declararon en el primer juicio por genocidio en el país debieron esperar 30 años para que un tribunal escuchara sus testimonios y conociera la  verdad. Esas mujeres, al igual que cualquier víctima de violencia,  merecen respeto a su dolor y también a su búsqueda de justicia. ¿O es que acaso el sufrimiento de una mujer indígena y su valentía para exigir castigo para sus victimarios  vale menos que el de otra guatemalteca de diferente origen étnico? A juzgar por el desprecio de quienes descalifican estos testimonios y se refieren a la violencia sexual como “exceso” y a las mujeres, niñas y niños como “víctimas colaterales” pareciera que sí.

A tal grado llega la esquizofrenia de esta sociedad, que los mismos que piden a gritos la pena de muerte para los extorsionistas y ladrones de celulares  disculpan, justifican y llaman héroes a quienes ordenaron, planificaron y ejecutaron el exterminio de comunidades enteras, incluidas criaturas que fueron sacadas con machete del vientre de sus madres y estrelladas contra las piedras. Ahora resulta que es un insulto que se diga que en el país hubo genocidio, pero no lo es que se haya cometido esta barbarie. Les ofende la calificación jurídica, pero no los hechos ocurridos, que francamente son espeluznantes. Hay quienes se han atrevido a calificar el juicio de crimen de lesa humanidad, mientras otros —y otras— que simulan guardar las formas dicen sentir preocupación porque la justicia aniquile la verdad y los sobrevivientes nunca sepan el paradero de sus familiares. ¡Por favor, si después de 30 años —mientras fueron intocables— nunca dijeron el paradero de los desaparecidos, lo van a hacer ahora por arte de magia!

A ver si nos entendemos: la violencia inició desde el poder con los golpes de Estado, los escuadrones de la muerte, las ejecuciones extrajudiciales y los crímenes políticos. La represión tuvo un carácter de clase: el terrorismo de Estado se utilizó para mantener un modelo económico oligárquico a sangre y a fuego, y no fue contra un reducido grupo de guerrilleros, sino contra todo un pueblo; se desapareció, ejecutó y torturó a cientos de miles, y eso es incomparable con cualquier otra forma de violencia.

Que la guerrilla también cometió masacres, pues que los juzguen; lo que no se vale es usar eso de excusa para frenar este juicio que nos enfrenta a la verdadera Guatemala paria, la del Estado que se organizó para aniquilar a su gente. Ojalá la CC no caiga en la trampa del litigio malicioso de la defensa, que hasta ahora ha demostrado que su estrategia es provocar por todos los medios que este juicio se detenga y se anule.

 

http://test.prensalibre.com/opinion/insulto_0_902309779.html

Opinion: Lógica maliciosa

La controversia suscitada por el acuerdo gubernativo 370-2012 se ha tergiversado de tal manera que genera una innecesaria confusión que debe aclararse para evitar las interpretaciones confusas y maliciosas. En primer lugar, está claro que conforme la reserva expresada por el Estado de Guatemala, en el artículo 2 del acuerdo de Aceptación de la Competencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos sobre violaciones a los derechos humanos, conforme a la Convención Americana de Derechos Humanos

http://www.prensalibre.com/opinion/Logica-maliciosa_0_844715597.html

Total, no pasa nada

Los oidos sordos son los que mandan. Y los ojos ciegos los que deciden.

MARCELA GEREDA

Total, no pasa nada. Solo pasa que el Estado sacrifica a su propio pueblo y resuelve las cosas a balazos con la población históricamente silenciada. Las elites lo aplauden a la vez que desde su clásica repugnancia por el Estado le piden que siga haciendo guerra sucia.

 

Al final del día la respuesta de qué es Guatemala solo parece estar dada por quienes llevan la batuta. Los mismos que eligen voceros para que les indilguen la categoría de “terroristas y asesinos” que obstruyen carreteras y no permiten el desarrollo del país a esos “otros” poco comprendidos y poco escuchados.

 

Total, no pasa nada, solo resurgen las posturas extremas e irreconciliables de “estás conmigo o estás contra mí”. Y se regresa a las trincheras de siempre: “comunistas”. Y vuelve a flotar la causa de tanto conflicto; la desigualdad, la estructura de la tenencia de la tierra. Guatemala es uno de los países más desiguales del mundo, un país en donde la riqueza es distribuida de una manera desigual, lo que da lugar tanto a la concentración masiva de riqueza como a condiciones de absoluta miseria y escasez. Pero aquí los oídos sordos son los que mandan. Y los ojos ciegos los que deciden.

 

Total, no pasa nada, solo que aquí parece que nadie quiere ceder. Nadie quiere salir de sus categorías cerradas de entender al “otro”. Nadie quiere sacrificar ni una mínima partícula de las conceptualizaciones que tenemos de qué es este territorio confuso y apaleado dividido por montañas y por ríos de racismo. “

 

Total, no pasa nada, solo se desangra un pueblo urgido de esperanza y de encontrar posibilidades de diálogo y reconciliación entre los diferentes colores que componen este lugar hecho de lógicas contradictorias llamado Guatemala. Urgido de salir de paradigmas estériles que nos dividen y polarizan en extremos de blanco y negro, “buenos” y “malos”.

Total, no pasa nada, solo los empresarios se inventan cualquier sandez para legitimar su visión de territorio y de país, pidiendo a berrinches que se castigue a los “delincuentes” que bloquearon carreteras y que alteraron la posibilidad de hacer negocios. Y luego, para darle un toque moral al asunto se inventan dizque la muerte de una mujer en una ambulancia por el bloqueo.

Total, no pasa nada, solo que detrás de esa visión de esos “delincuentes, bochincheros”, se expresa que es “legítimo” que unos guatemaltecos mueran para que otros gocen de libertad de locomoción. Se revela además una gran miseria de mitos, fantasmas, ignorancia, resentimiento, racismo y herencias criollas. Un pensamiento dominante que permea y reproducen sin empacho también a las capas medias: “los indios solo sirven para atrasar al país”.

Total, no pasa nada, solo que los voceros de la oligarquía se disponen a rebuscar lógicas argumentativas en las que invocan que los campesinos son poseídos por “la bestia”, otros que llaman a los campesinos “asesinos de oportunidades”, otros que se empeñan en construir mitos para siempre legitimar su dominación y su modo de vida.

Total, no pasa nada, solo son cinco siglos de construirnos ajenos los unos a los otros. Cinco siglos de aferrarnos a las interpretaciones del mundo en blanco y negro, sin grises ni matices, de abrazar obstinadamente posiciones incompatibles, pero más que por fundamentos, lo que las hace incompatibles es el nivel desde el cual las interpretamos. Siglos de miradas que dan por conocido lo desconocido, de visiones parciales y prejuiciosas.

Total, no pasa nada, solo hay un discurso retórico y limitado de que solo la riqueza va sacar a Guatemala de la pobreza. La inversión privada, ya sea por medio de hidroeléctricas, minerías o cultivos de exportación, basada en la competitividad y en “estimular las potencialidades de la gente” para que “adquieran valor agregado”, “es lo único que los va a sacar de la pobreza”.

Total, no pasa nada, solo contamos con una Cámara del Agro y un Cacif que se opone a la Política Nacional de Desarrollo Rural Integral y que es capaz de pedir que se castigue a los campesinos por cometer el delito de buscar ser escuchados.

Total, no pasa nada, solo dejamos pasar la oportunidad de establecer verdaderas bases para el diálogo, para resolver los problemas de fondo para que este país funcione. Pero no, los que se oponen al desarrollo rural siguen creyendo que este país es una finca.

http://www.elperiodico.com.gt/es/20121029/opinion/219844/

La campana de Totonicapán

El Estado no puede seguir operando a sus espaldas.

EDGAR GUTIÉRREZ

Los 48 Cantones de Totonicapán encierran un profundo significado en el mundo indígena, revalorado tras la guerra civil y el crack económico de los ochenta. Por eso la matanza de pobladores de esa región el jueves 4 de octubre es un parteaguas del periodo.

 

El mundo indígena irá reaccionando poco a poco, conforme el valor de los 48 Cantones cala en las comunidades a través de los medios, dirigentes y comerciantes locales. Hay también reacciones inmediatas, hondamente ideológicas y políticas de organizaciones que dibujan el cuadro como una nueva guerra de exterminio contra los pueblos indígenas. La primera reacción tiene sentido como símbolo o baluarte, en el horizonte estratégico. La segunda, la activista, es táctica, según sus formas pueden o no conectar con los 48 Cantones y más allá.

 

Lo inamovible es la respuesta oficial. Exculpatoria. Defensiva. Burocrática, en sentido estricto. Ciertamente, en principio más cuidadosa que en el caso Barillas (mayo), a la que el Gobierno logró dar un giro de 180 grados, asumiendo verdadero papel de Estado. Sí, más medida la reacción ahora, pero también más grave el hecho. Fue una masacre.

 

No fue una masacre premeditada ni parte de un plan de ataque oficial sistemático, según los datos conocidos. Fortuita, desencadenada en un clima de extrema tensión. Pero en un contexto político y social inducido a la represión. Condicionado por las recias demandas judiciales patronales contra el bloqueo de carreteras, los señalamientos oficiales de intolerancia de tales actos y, finalmente, la exacerbación del ánimo de la gente que necesariamente transita por esas rutas. Y la contraparte: gente exasperada reclamando ante abusos y derechos ignorados, y líderes escépticos.

 

La tropa militar había pasado varias situaciones parecidas en los últimos doce años (Escuintla, San Marcos, Huehuetenango etcétera) sin consecuencias fatales. Por eso se creyó que otra doctrina militar iba calando. Pero ahora todo queda en entredicho. Al final el soldado se entrena para la guerra, no para la prevención ni la mediación social.

 

Pero, ¿cuál es la señal de los tiempos de esta tragedia? Que el Estado sigue desentendiéndose en forma y fondo de un diálogo estratégico con los pueblos indígenas y sus representaciones, no importa que estos estén disgregados, divididos o sean contradictorios. ¿Acaso los ladinos, mestizos o no indígenas estamos enteramente unidos? El tema es ese: los pueblos indígenas son un sujeto político y el Estado ya no puede seguir operando a sus espaldas. O estos harán lo mismo, en grande.

http://www.elperiodico.com.gt/es/20121008/opinion/218925/

Comentarios… ¡Ánimo Ejército!

Crear mártires y neutralizar a la institución armada.

Raul Minondo Ayau

TOTO

 

¿Ejecución extrajudicial? Sí. Ejecutada por líderes criminales que manipulan “campesinos” y  terroristas que siguen en guerra. ¡No nuestros soldados! ¿Defenderse es acaso delito? Estas “ejecuciones” son bien pensadas y con objetivos claros… crear mártires y luego, con el aval del  Ministerio Público (MP) y la comunidad internacional, ¡neutralizar al Ejército! Internacionalizarse, conseguir más dinero y vivir como garrapatas mamonas. El nuevo incidente en Petén deja eso claro. Se violan sistemáticamente derechos de 14 millones de guatemaltecos. Cada vez más seguido. La ONU, sus “expertos” y Menchú (Nobel de “paz”) cometen delito al encubrir a verdaderos responsables de muertes, de manipular evidencia y “dictar” sentencia desde ya sobre ¡quién es y quién no es  culpable! Violan e insultan la soberanía guatemalteca. El MP debe ser imparcial, no lo es. El papel que juega la Procuraduría de los Derechos Humanos (PDH) es patético, pusilánime como su jefe. Simpáticas declaraciones del Embajador de Israel sobre ¡“desalojos pacíficos”! ¿Qué pensarán los palestinos de los “desalojos” israelíes? Hubo una emboscada. Los soldados, y oficial, defendieron su vida de una turba  sedienta de sangre. El futuro de esos muchachos(as) era una muerte horrible. Quienes “produjeron” estos mártires deben ser enjuiciados y se debe sentar un precedente. De otra forma esto es el principio. Habrá más sangre. Estamos hartos de bloqueos por “campesinos”, “indígenas”, “ladinos”, “rojos”, “cremas” o “verdes”. Debemos avanzar, no retroceder. Al final de cuentas ¿Cuál era la razón de la “protesta” pues? ¿Reformas? ¿Educación? ¿Tarifas municipales? ¡Eso no se resuelve bloqueando asfalto! ¡Vamos! ¿Quién cree esa pendejada? ¡Esas son excusas y no razones, asuntos diferentes!

 

FISCAL GENERAL Y POLÍTICOS

 

El MP demuestra su parcialidad, mediocridad y complicidad. Ideología y consigna. ¡Vendetta! Todo parte de un gran plan maestro. La izquierda terrorista estará borracha de alegría. ¡Los mártires están hechos, la carne servida! Ejército debilitado. Políticos aprovechan los muertos. ¡Sirven para desprestigiar a rivales políticos! ¡Qué mal! ¡Ninguno demuestra altura, dignidad o liderazgo responsable! Sed de poder, enferma. Hacen leña del árbol que suponen, equivocadamente, caído. Solo dividen más al guatemalteco.

 

PIERDEN EL DERECHO

 

Bloquear carreteras no es manifestación pacífica. No podemos permitir que el CUC y otros terroristas contaminen, aún más, el derecho a manifestar. No se puede exigir un derecho violando otro. Definición de “líderes” de “pacífica” es igual a la de Menchú que entró en la Embajada española “pacíficamente” con molotovs, armas y machetes ¡secuestrando a todos! ¿“Pacífico” “bloqueo” con armas, garrotes, machetes y combustible? A todo hay derecho pero sin violar el derecho ajeno. ¡Manifestar sí! ¡Criminales no!

http://www.elperiodico.com.gt/es/20121017/opinion/219312

Me pasé a la derecha

Y ahora pienso con sentido común, así.

Mario Roberto Morales

Los asesinados en la Cumbre de Alaska son los únicos responsables de su muerte, no solo por violar el libre derecho de locomoción al bloquear la carretera en la que quedaron tendidos, sino por dejarse manipular por comunistas cobardes que no dan la cara y que se aprovechan de la ignorancia de los pobres, los cuales lo son porque no quieren superarse sino solo estirar la mano para que les demos el dinero que nosotros ganamos trabajando honradamente. Tales personas merecen morir. Más aún si son indígenas y se oponen a la minería, las cementeras y la palma africana, pues no ponen en alto el nombre del país en el extranjero sino lo denigran con su falta de educación.

 

Lo que el Gobierno debe hacer después de lo sucedido es buscar a los comunistas cobardes que no dan la cara, secuestrarlos y ejecutarlos sumariamente, o bien simular accidentes o enfermedades repentinas que los eliminen y les impida así causar problemas tales como las manifestaciones multitudinarias, los bloqueos de vías de comunicación y las groseras declaraciones contra la gente de bien que a diario vemos por la televisión. Asimismo, el Gobierno debe reprimir hasta la muerte estas muestras de descontento porque, como ya dijimos, son el resultado de la manipulación comunista, y lo que los comunistas quieren es quitarnos lo que tanto trabajo nos ha costado: nuestra camisa, nuestro reloj, nuestro lápiz, nuestro iPhone. También debe condenar a los soldados indígenas que mataron a sus paisanos revoltosos porque, después de todo, la moral es clara cuando nos manda “no matarás”; pero debe antes declararlos “verdaderas víctimas de la matanza” e impedir que se inculpe a la cadena de mando militar, en la que hay personas bien nacidas y que sí aman al país.

 

Las cosas hay que verlas desde los dos lados: los soldados no tuvieron más remedio que usar sus fusiles Galil para defenderse de la terrible turba que iba a lincharlos. Por lo mismo, los mandos militares deberían ser condecorados por el Ejército y ofrecidos como ejemplos de patriotismo anticomunista. Y aunque quienes dispararon sí deben, como dijimos, pagar por el delito de matar civiles desarmados, su sentencia –que tiene que ser dictada por un tribunal militar y no uno civil– debe tomar en cuenta el atenuante de que dispararon en defensa propia y quizás al aire, como bien dijo el señor Presidente, con la mala suerte de que en la riña tumultuaria las trayectorias de las balas pudieron extraviarse. Ya se sabe que la física actúa de maneras extrañas, sobre todo desde que Einstein demostró en NatGeo que el espacio es cóncavo y flexible y que por eso es posible viajar a través del tiempo.

 

Asimismo, y para calmar los soliviantados ánimos internacionales, el Gobierno debe prometer no utilizar tropa militar para reprimir descontentos multitudinarios, pero cada policía encargado de enfrentar a los revoltosos debe ir protegido por un kaibil o por un agente de inteligencia militar que lo asesore. Estos guías deben vestir siempre de civil para no provocar al comunismo que financia a los terroristas del Ministerio Público, las oenegés, los movimientos populares y nuestras propias familias (si es que algún ser querido padece la desgracia de estudiar en la Usac o en la escuela pública).

 

Las cosas hay que verlas con ecuanimidad. Si no, podemos caer en extremismos. O en trampas que –como la de Alaska– nos tienden los terroristas.

www.afuegolento.mexico.org

 

http://www.elperiodico.com.gt/es/20121017/opinion/219313/